domingo, 8 de noviembre de 2015

Recordando a los que nos dejaron por un instante

Viernes 30 de noviembre
Era un día no tan común pues ya estaban próximas las fechas que, en lo personal, me agradan más; la festividad que los mexicanos realizamos a las personas que se han ido, que nos han dejado o que simplemente se han dormido para despertar en el inframundo, la llamamos Día de muertos o día de todos los santos y si somos más apegados a la religión católica se le llama Día de los fieles difuntos.
La tradición es colocar un altar en donde son puestas las ofrendas, estas van desde dulces hasta comidas y bebidas, según los gustos de las personas que ahora nos miran desde otra dimensión, se colocan arcos alrededor del altar repletos de flores de cempasúchil con manos de león y la flor siempre viva, en la entrada de la casa se traza un camino de flores con las que adornaron los arcos, hasta llegar al altar y ahí son colocados dos escalones para que las almas puedan subir y revisar lo que la familia ha hecho sólo para ellos, claro, cada región o estado tiene una manera diferente de realizar la ofrenda, lo que yo he descrito aquí es la forma de hacer un altar en la sierra norte de Puebla en un pueblo “mágico” llamado Huauchinango.
Durante la mañana tuve que ir a la escuela, aunque, para ser sincera,  tenía más ganas de irme a mi casa y no es que no me guste estudiar pero la verdad ya moría por estar con mi familia y poder comer algo típico de esta tradición como es el mole poblano y, no es por exagerar, pero a mi mamá le queda exquisito y más si es acompañado con un tamal de alverjón, envuelto en hoja de papatla, así que tuve que decir una mentirita piadosa para salir antes y tomar el camión que me llevaría cerca de mis seres queridos, en la central de autobuses había demasiada gente, algunas hacían filas para comprar el boleto directo a su destino y otro tanto esperaba a su familia que venía de visita.
El viaje no estuvo nada mal, pude leer un poco a Carlos Monsiváis y dormir otro tanto del camino, cuando iba a la mitad de mi recorrido recibí un mensaje de mi mamá diciéndome que no se encontraba en casa, que pidiera algo de comer pero que mi abuelita nos había invitado a cenar tamales en su casa así que no debía llenarme tanto para disfrutar la cena, justo lo que mis ojos querían leer, mi abuelita, una señora de 56 años con un guiso peculiar había hecho tamales en la memoria de su esposo, mi abuelo, que se adelantó en el camino a mediados de febrero de este año.
Llegué y aborde un taxi para que me llevara a casa, una vez ahí no me quedó más remedio que seguir las instrucciones que me había mandado mi señora madre, mientras llegaba lo que ya había pedido mi hermano y yo decidimos ver la película de “El jinete sin cabeza” un clásico de Tim Burton, con la actuación de Johnny Depp, mi futuro espeso, y Christina Ricci, aún no transcurrían ni 20 min de esta y llegó la pizza, era joaco, una combinación de pollo a la mexicana con chiltepín y hierbas de olor fundidas con queso oaxaca,  se veía y olía demasiado rico, comimos hasta no verle fin, la película finalizó y enseguida llegó mamá, como venía del trabajo decidió que era buena idea darse un “regaderazo”, así le llama ella a una especie de baño el cual se realiza muy rápido, y así poder ir a la casa de mi abuela donde mi papá ayudaba a colocar el altar, llegamos y dos hermanos, una cuñada y varios sobrinos y él estaban en friega colocando las flores de los arcos, mi mamá y yo le ayudamos a mi abuela a hacer unos collares que iban a colgar entre los arcos, cuando finalizamos dimos paso a la merienda, comenzaron a sacar los tamales de rojo y verde de las vaporeras y a los presentes se les hacía tarde para agarrar uno de su sabor preferido.
Yo tomé uno de verde, al abrirlo la salsa se comenzó a desbordad y la masa se veía demasiado apetitosa, simplemente estaba delicioso y la gula me hizo pecar y tomé otro más para volver a extasiarme con su sabor y cuando pensé que ya había terminad,  mi papá sacó un pan que es tradicional en Xicotepec, otro pueblo “mágico” de Puebla, cerca de donde vivo, está hecho con manteca y justo en la mitad tiene queso derretido, así que decidí comerme dos pedazos y con eso finalizar mi rica cena, enseguida mis tíos comenzaron a platicar sobre un evento que realizan en Chignahuapan, donde colocan una pirámides en la mitad de un lago y ahí hacen bailables con los que representan el paso a la muerte, se lleva acabo el día 1 de noviembre a las 12 de la noche, me entusiasme demasiado porque a mí me gustan ese tipo de festividades, yo les platiqué de otra que había escuchado en la radio días anteriores, se hace en las ruinas de Teotihuacán, hay actividades culturales, danzas, se elevan globos de cantoya y también aerostáticos, habría quermés y degustación de algunas bebidas, se nos fue la noche en estar platicando de este tipo de eventos y cuando vimos ya era algo tarde así que decidimos irnos a descansar.

Sábado 31 de octubre
La mañana era templada, el aire que corría se sentía caliente, algo pesado, desperté  a las 8 de la mañana, quería seguir durmiendo pero mi mamá me lo impidió y dijo que deberíamos de ir a ver la exposición de catrinas que se realizó en el centro de huauchinango, pero como la flojera aún seguía en mi cuerpo, me recosté para dormitar otro ratito, ella se percató y me volvió a levantar, me aplico un producto para definir mis cejas las cuales son un tanto rebeldes y no querían acomodarse, al terminar de bañarme, ya había hecho el desayuno así que sólo me cambié y baje a comer, de nuevo, para comenzar un plato de fruta con granola, después unos huevitos con jamón y para finalizar unas galletas con café, al término se dispuso que nos  teníamos que ir para apurarnos, pues irían unos tíos a comer mole a la casa, nos fuimos y primero realizamos las compras, lo que faltaba para la comida de hoy y después ver, con calma, las catrinas expuestas en los portales, había un poco más de 10, algunas hechas con materiales reciclables como cucharas, botellas, platos, hoja de totomoxtle, una fue hecha con chile ancho  y una más con nopales, en algunos casos eran un tanto amorfas pero otras se veían bien definidas y es que es el primer año que se realiza este tipo de actividad, afuera de la presidencia se podía ver un enorme altar, no tenía tanta ofrenda, estaba altísimo y no se podía disfrutar bien.

A lo largo del recorrido, iba capturando algunas catrinas que se me hacían interesantes y me fui percatando que la gente es demasiado amable, siempre que veían que me colocaba para tomar la foto, algunas se detenían y esperaban hasta que yo les hacía la señal que ya había terminado, algunas otras, pasaban por donde a tras de mí, no como en Puebla, las personas ahí pasan enfrente de ti sin importarle si salen en tu encuadre o arruinan la captura.

Terminamos de recorrer dicha exposición  y nos regresamos a comprar unos dulces, pues mi hermano y yo teníamos planes de hacer un maratón de películas de terror, así que necesitábamos algo que comer mientras transcurría el largometraje.

Llegando a casa mi mamá comenzó a preparar la masa para los tamales que iba a preparar, porque unos tíos de México irían a comer a la casa, así que ayudamos a escombrar la sala, fuimos por unas cervezas para acompañar la comida y prendimos una veladora blanca al altar porque ya habían llegado las almas de los pequeños difuntos. Mis tíos arribaron antes de la hora indicada, pero eso no importo pues tenía suficiente tiempo que no los veíamos, así que la convivencia empezó, un par de horas después se comenzó a servir la comida, mole, arroz y los ya mencionados tamales, una combinación perfecta para estas fechas y yo no podía quedarme sin comer ese rico platillo, así que no tuve consideración con la cuchara y me serví una y otra vez, a la mitad de la comida llegaron más visitas, mis tíos y primos de San Martín Texmelucan, los invitamos a comer y ellos accedieron, así que pecando un poquito más, decidí acompañarlos con otro platito de esa rica comida.
Las cervezas que habían llevado mis tíos comenzaron a evaporarse, poco a poco nos fuimos quedando sin provisiones, mientras eso sucedía, mi hermano y yo platicábamos con mis primos lo que haríamos en la noche, teníamos dos opciones: Ir a un restauran donde se iba a realizar un concurso de disfraces y el segundo un bar que ese mismo día sería su re apertura, que por cierto tiene un nombre demasiado peculiar: El barbaján, después de tanta plática decidimos ir al primer lugar y mi prima y yo decidimos pintarnos de catrinas, a decir verdad no soy muy buena haciendo dicha actividad,  así que decidí sólo ponerme pintura en la mitad de mi cara a diferencia de mi prima que ella lo hizo en toda su cara, las horas comenzaron a  transcurrir, las 7, las 8 y nosotras aún no terminábamos, mis tíos y mis padres se fueron a la casa de mi abuelita y nosotras apenas estábamos terminando de maquillarnos .
Salimos de casa alrededor de las 10 de la noche, en la salida hacia la carretera que nos conduciría a la fiesta, nos topamos con nuestra respectiva familia, nos dieron indicaciones y continuamos rumbo a la fiesta, al llegar nos percatamos que no había nada de gente y la poca que se encontraba ahí era gente mayor que asistía con su familia o bien con amigos, pasamos y ordenamos unas ricas cervezas, teníamos sed de la mala, después de un rato comenzó a llegar gente, la cual no era diferente a la descripción que hice líneas arriba, estuvimos cerca de 1 hora y decidimos que no era un buen lugar para pasarnos la noche, nos salimos y ya en la camioneta decidimos cual era el siguiente destino, como en Huauchinago no hay muchos antros o bares a los que asistir, bueno si los hay pero no tienen buena música, sólo nos quedaba una opción “El barbaján”, no tenía tantas ganas de ir porque el ambiente es demasiado fresa y odio ese tipo de lugares, pero tampoco quería irme a mi casa, así que nos dirigimos a ese bar, cuando íbamos llegando nos dimos cuenta que había un buen de gente y lo pudimos inferir por  todos los carros estacionados, basta con decir que había autos estacionados en curva y sólo para ingresar a dicho lugar, también notamos que al lugar asistía pura niña de vestidito y tacón y los hombres con camisa pegadita, no se veían nada mal, bueno el punto es que como íbamos pintadas no nos quisimos bajar ya que esa no era la temática, mi primo y hermano insistieron y nosotras accedimos, nos desmaquillamos con una crema que llevaba mi prima y con papel, lo hicimos lo más rápido posible porque los hombres, como la mayoría, se desesperan  y ese no era nuestro cometido.
Ingresamos y estaba repleto, un salón amplio, de dos pisos, el segundo más pequeño que el primero, la poca luz con la que contaba el ambiente aunado con el humo, tenían un efecto en mi vista muy peculiar, como si ya hubiera tomado unos tragos de más y mi mirada comenzara a jugar con mis sentidos,  pero entre todo pude identificar a muchxs conocidxs, amigxs, ex compañerxs de la escuela, vecinxs y una que otra persona ya grande, no perdimos el tiempo y fuimos a la barra a pedir algo que tomar, era un caos, gente esperando su orden desde hacía más de 15 min, los meseros se daban de vueltas, lxs bartender apresurados preparando bebidas, mezclando diferentes licores para darle el toque de la casa, se podía percibir que estaban cansados, fatigados, estresados, pues no te atendían de una manera amable, ni siquiera los meseros, rara vez volteaban a verte y si lo hacían te miraban con cierta apatía, no había diferencia alguna  si llevabas 10 o 5 min esperando a ser atendidos, como pudimos logramos pedir 4 cervezas las cuales estaban tibias, pero al escuchar la música y ver tanta gente animada, no pasaba por tu mente el salirte de ahí, rápidamente fue un amigo a saludarme, estuve platicando con él acerca de la escuela, de su vida, claro que no era el lugar indicado para hablar de esos temas pero tenía mucho que no lo veía, así que no desaprovechamos la oportunidad, él se fue y yo me regresé con los que venía, comencé a observar todo a mi alrededor, gente sonriendo, bailando con la música que el dj tocaba, tomando como si el alcohol dejara de existir al día siguiente, otros hablaban con expresiones de estar discutiendo, algunos posaban para la foto que se tomaban con sus  acompañantes, gente fumando y otros inhalado lo que despedía ese cigarrillo, altxs, chaparrxs,  de piel clara, obscura , delgadxs y gordxs, de todo tipo de personas metidos en ese salón, disfrutando de la noche, del lugar, del tiempo y del espacio. Regresamos a casa alrededor de las 3 de la mañana, lo bueno es que no me gusta ese ambiente porque si no, nos la amanecíamos.
Domingo 1 de Noviembre.
Para mí, la mañana comenzó alrededor de las 11 de ese domingo, tenía mucha flojera, además de que no había amanecido muy bonito pues estaba nublado y llovía un poco, olí a que habían preparado choriqueso, una combinación de chorizo, chiles en vinagre y queso fundido, así que como buena persona con barriga, decidí ir a desayunar y me encontré que también había había yogurt, papaya, café, pan. Mi mamá y mis tíos ya estaban sentados degustando tan buen menú, me uní a ellos y de nueva cuenta la gula no me dejó en paz ni por ser de día, comí y comí hasta no poder más, enseguida me metí a bañar y después a arreglarme, me sentía algo confundida y tenía un vacío enorme, aunque había personas en mi casa yo me sentía sola, algo me hacía falta, repuse no hacerle caso a dicho pesar y disfrutar de mi puente. Dieron las 12 y en la tradición de día de muertos, menciona que a esa hora se van los niños para darle paso a los grandes, así que corrí a prender las veladoras del altar y mi mamá me dijo que tendría que ayudar a hacer tamales, no tenía ganas pero acepte el reto, nos pusimos a elaborar dicha comida entre mi tía, mi prima, mi mamá y yo, de rajas, de mole y de verde, como éramos varías terminamos muy rápido, enseguida decidimos ver películas con los niños pero mi primo tenía que regresar a San Martín pues no le dieron el puente, su corrida salía a las 4 30 y sus papás lo llevaron mientras estaban listos los tamales, la invitación a la degustación también se le hizo a mi abuelita y a una tía, hermana de mi papá, con su respectiva familia.

Llego la hora de probar esas delicias, primero fue uno de rajas, es una mezcla de pollo con chile poblano enjitomatado y con queso gratinado, estaban riquísimos, con decir  que sólo con escribir de ello me dan ganas de  comerme otros dos, también probé los de verde, una delicia en el paladar, los aromas de la masa y la salsa junto con los chilacayotes picados que contenía, hacían una explosión de sabores en el paladar y para acompañarlos mamá hizo un rico atole de chocolate, sabía exquisito, bueno, todo lo que prepara le queda muy sabroso, al finalizar mis primos y yo decidimos ir a ver filmes de terror, así que dejamos a la gente grande abajo y nosotros subimos al cuarto de mi  hermano que tiene un peculiar ambiente, es pequeño, cuenta con un solo ventanal y está iluminado con una luz muy tenue, que hizo el contexto perfecto para realizar la actividad que estábamos por hacer, terminamos cerca de la 1 30 de la mañana, corrí a mi cuarto porque tenía un poco de miedo, me metí por debajo de las cobijas y me quedé dormida hasta el alba del siguiente día. 

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